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| Palabras que dirigió Benedicto XVI este domingo al rezar a mediodía la oración mariana del Ángelus junto a miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano. | |||||||||||||
Benedicto XVI subraya la importancia del V Encuentro Mundial de las Familias en el que participará, en Valencia, entre el 8 y el 9 de julio |
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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 2 julio 2006 El tema del próximo Encuentro de Valencia es la transmisión de la fe en la familia. En este compromiso se inspira el lema de mi visita apostólica a esa ciudad: «¡Familia, vive y transmite la fe!». En tantas comunidades que hoy están secularizadas la primera urgencia para los creyentes en Cristo consiste precisamente en renovar la fe de los adultos para que sean capaces de comunicarla a las nuevas generaciones Por otra parte, el camino de iniciación cristiana de los niños y adolescentes puede convertirse en una oportunidad útil para que los padres se vuelvan a acercar a la Iglesia y profundicen cada vez más en la belleza y en la verdad del Evangelio. En definitiva, la familia es un organismo vivo, en el que se realiza un recíproco intercambio de dones. Lo importante es que nunca falte la Palabra de Dios, que mantiene viva la llama de la fe. Con un gesto particularmente significativo, durante el rito del Bautismo, el padre o el padrino enciende una vela en el gran Cirio pascual, símbolo de Cristo resucitado y a continuación, el celebrante dice: «A vosotros padres y padrinos, se os confía el encargo de velar por esta luz, para que este niño, iluminado por Cristo, viva siempre como hijo de la luz». Ese gesto, en el que subyace todo el sentido de la transmisión de la fe en la familia, para que sea auténtico, tiene que estar precedido y acompañado por el compromiso de los padres de profundizar en el conocimiento de la propia fe, reavivando la llama con la oración y la asidua práctica de los sacramentos de la Confesión y de la Eucaristía. Encomendemos a la Virgen María el éxito del próximo gran Encuentro de Valencia, y todas las familias del mundo para que sean auténticas comunidades de amor y de vida, en las que la llama de la fe se transmita de generación en generación. |